martes, 22 de junio de 2010

LUGARES POR LOS AIRES

Hay lugares que marcan de forma profunda un trabajo. Hoy hemos estado en Fuente la Lancha (Córdoba), el lugar al que nos vamos este Julio, a trabajar. La necesidad de un espacio de ensayo nos lleva a Córdoba! "No creo que pueda ser" fue mi primera reacción, tardé muy muy poco en cambiar de idea. No es un sitio especial por nada, no es excesivamente grande, no está fuerda de lo normal, no es excepcional, pero es el mejor sitio al que podemos ir desde el 4 al 30 de Julio. Yo no soy de pueblo, no sé qué es pertenecer a la periferia de la ciudad, no sé que es tener un casa en el campo, siempre he sido reacio a este tipo de espacios, "yo soy un hombre de ciudad". Pero algo está cambiando. Hoy al conocer un pueblecito pequeño, con mucho sol, una hermita, una casa en el campo en el que un perro con rastas salta de alegría al verte y huele a vaca, conocer a Teodora, una anciana encantadora que te ofrece todo sin conocerte, después de ver las puertas de las casas abiertas, un grupo de niños en la escuela jugando a guerra de agua, una piscinita pequeña pero apañá y hombres de ojos azules y pequeños, me he dado cuenta de que este sitio sólo puede parir un trabajo maravilloso. Es como si algo dentro de mi hubiese respirado aliviado. Susana, Rosa, Gloria, Aless y Sergio, todo va a ir bien, todo va a ir bien, todo va a ir bien.

2 comentarios:

  1. No todos los pueblos pueden presumir de poseer una hermosa leyenda o historia misteriosa que se palpa en el ambiente de sus calles y entre sus casas. No todos los pueblos tienen el don inmenso y singular de llevar grabado en su memoria popular la imagen de un romántico y altruista bandolero: Juan Palomo, que, según cuenta la voz del pueblo tuvo su cuartel general dentro de Fuente la Lancha y -siempre según la leyenda- desde allí dirigía sus hazañas y escaramuzas con la justicia.

    Corría el siglo XIX y la entrada de Napoleón en España levantó a muchos patriotas que iniciaron una soberbia resistencia al descomunal y bárbaro ejército de Francia. En Andalucía, a diferencia de otras regiones de nuestro país, surgió la mítica figura del bandolero héroe romántico y legendario, cautivador, que casi siempre tenía un origen familiar humilde y pobre, y gozaba de un carácter altruista y valeroso. Esta castiza figura del bandolero, a caballo entre la historia y la leyenda popular, ha inspirado bellísimas páginas literarias y multitud de películas que sería imposible enumerar en breves líneas.

    Juan Palomo, según narración popular, fue gran amigo de José María el Tempranillo. Tenía como case de operaciones y, a la vez, como estancia la “Casa Grande”: hermosísima casona ubicada en el corazón de Fuente la Lancha, a pocos metros de la parroquia de Santa Catalina. Esta casa, aunque en la actualidad se encuentra dividida y transformada, en otro tiempo gozó de una excepcional solera arquitectónica. Espesos muros y hondas estancias, arcos robustos, y una muy espaciosa cámara -llena de habitaciones- hacían de la Casa Grande un edificio hercúleo y atractivo.

    Son múltiples las leyendas que se ciernan en torno a la vieja y hermosa casona ya, desgraciadamente, desparecida, según los lugareños La Casa Grande posee hondas galerías, donde estaban las cuadras, que sirvieron a Juan Palomo para depositar las joyas y dineros robados a los franceses; por otra parte, las habitaciones que había en la cámara servían como cárceles a los ilustres personajes por los que Juan Palomo pedía sustanciosas recompensas. Otras muchas leyendas e historias, en torno a Juan Palomo y la Casa Grande, circulan de boca en boca por el lugar: una de ellas asegura que el pozo de la Casa Grande posee una inmensa galería que comunica con el río Guadamatilla -situado a escasos kilómetros del pueblo-, y, a través de ella, escapaba Juan Palomo cuando era sorprendido en su refugio.

    En los pueblos cercanos a Fuente la Lancha, la leyenda de Juan Palomo aún sigue suscitando gran interés entre las gentes que, normalmente, entienden la figura del apuesto y altruista bandolero como si estuviera a medio camino entre la realidad y la leyenda. Y quizá ese difícil equilibrio entre lo realista y lo legendario es lo que concede a la figura de Juan Palomo la inevitable y, a todas luces, categoría de mito. Por eso, cuando cualquier viajero se adentra en las silenciosas callejuelas, amorosamente soleadas, de Fuente la Lancha, respira un inefable perfume de leyenda y misterio, de hondísima mansedumbre, que le hace reflexionar sobre la jugosa historia que han de saber aquellas centenarias paredes, llenas de musgo y luz, que vigilan, como inmóviles sombras legendarias, desde cualquier rincón, desde cualquier humilde fachada.

    Y algo después, una vez, el viajero, ciertamente impresionado por la atmósfera que respira, va y pregunta por la historia del pueblo y alguien le cuenta la leyenda de Juan Palomo: él se da cuenta de que algo mágico flota en aquel ambiente, algo bello e inexplicable, infinitamente atractivo para él: el legendario aroma de un pueblo interesante y peculiar, Fuente la Lancha, que por tener no se privó de poseer en su historia particular la imagen cálida y romántica, literaria, misteriosa, del bandido Juan Palomo.

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  2. Nosotros somos como JUAN PALOMO, yo me lo guiso y yo me lo como!!!! (chiste malo pero no tanto..) bandoleros preparaossss que vamos payá!!!

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