domingo, 25 de abril de 2010

LA COMPAÑÍA DE DANZA CONTEMPORÁNEA MARÍA ESTUARDO

A calle abierta. Hoy me siento orgulloso de vosotros y me habéis parecido unos valientes. Hoy le he visto la cara a nuestro proyecto. Vosotros desnudos, la calle amplia, comunicativa e indeferente y el violonchelo. Y la energía, la energía con el público que es lo único que hace que todo esto tenga sentido y que esté ahora mismo escribiendo estas palabras. Gracias por lanzaros a la piscina conmigo. Gracias a Dios que alguien cree en mis ideas sino no se que haría. Un fuerta abrazo de Enrique VIII a la Real Compañía de Danza Contemporánea "María Estuardo". Habrá más funciones, esto no ha hecho más que empezar. Y esto engancha.

viernes, 23 de abril de 2010

Ahora estoy segura



sOY rOSA rOMERO. nO HE VENIDO AQUI PARA PERDER la esperanzA. eSTOY AQUI PORQUE ES LO QUE no puedo dejar de HACER.

lunes, 19 de abril de 2010

Soy María

Soy María Cadenas.

No he venido aquí para perder la confianza.
Estoy aquí porque es lo que la vida me ha llevado a hacer

lunes, 12 de abril de 2010

El burro delante, la reina detrás

Soy Sergio.

No he venido aquí para perder EL TIEMPO.


Estoy aquí porque es lo que detesto NO hacer.




La reina virgen ha hablado

P.d: Proximamente: Fanáticos contemporáneos = CREPÚSCULO

domingo, 11 de abril de 2010

QUIÉN ES MARÍA LA PARISINA?

Esta entrada es un llamamiento, mis queridos fanáticos, a definir a nuestra compañera parisina tal como hemos hecho entre nosotros. Rellene las siguientes casillas como cree conveniente por favor:

" Soy María Cadenas. No he venido aquí para peder........ Estoy aquí porque es lo que........hacer".

TARDE...PERO SOY

SOY ALESS NO HE VENIDO AQUI PARA PERDER A LA GENTE QUE ME IMPORTA, ESTOY AQUI POR QUE ES LO QUE NECESITO HACER

sábado, 10 de abril de 2010

COMPOSICIÓN VIII


viernes, 9 de abril de 2010

¿NO ES EL ACTOR SANTIFICADO UN SUEÑO?

Pregunta Eugenio Barba a Grotowski:
¿No es el actor santificado un sueño? El camino a la santidad no está abierto para todos. Sólo algunos elegidos pueden seguirlo.
Grotowski:
Como ya dije antes, no se debe tomar la palabra "santo" en el sentido religioso. Es más bien una metáfora que define a la persona que con su arte puede ascender la escala y realizar un acto de autosacrificio. Por supuesto que usted tiene razón: es una taréa infinitamente difícil el unificar una compañía de actores "santos". Es micho más fácil encontrar un espectador "santo"-segun lo que yo entiendo por esa palabra-, porque solo viene al teatro por un breve momento a fin de esclarecer una cuenta consigo mismo, y de esta manera no necesita imponerse la terrible rutina del trabajo cotidiano. ¿Es por ello la santidad un postulado irreal? Yo pienso que es un postulado tan bien fundamentado como el movimiento de la velocidad de la luz. Quiero decir con esto que aunque no se logre en su totalidad podemos tratar consciente y sistemáticamente de caminar en esa dirección, hasta conseguir resultados prácticos. La actuación es un arte particularmente ingrato, se muere con el actor. Nada lo sobrevive sino las reseñas periodísticas que generalmente no le hacen ninguna justicia, ya sea buena o mala; por tanto la única fuente de satisfacción que se obtiene es la reacción del auditorio. En el teatro pobre no significa flores ni aplausos interminables, sino un silencio especial en el que existe tanta fascinación y al mismo tiempo tanta indignación y hasta repugnancia, que el espectador no dirige a si mismo sino al teatro: es difícil encontrar un nivel psíquico que le permita a uno soportar tal presión. Estoy seguro de que el actor que pertenezca a un teatro como éste sueña a veces también con ovaciones espectaculares; oir su nombre proclamado, ser cubierto de flores u otros símbolos de apreciación como es de costumbre en el teatro comercial. El trabajo del actor es también ingrato porque exige una supervsión incesante. No es como ser creativo en una oficina, sentado frente a una mesa; se está por el contrario bajo el ojo del productor, que aun en un teatro que se apoya en el arte del actor tiene exigencias continuas, mayores que en el teatro normal, y que lo obligan a hacer esfuerzos cada vez más terribles y profundamente penosos. Esto sería insostenible si el director careciese de una autoridad moral, si sus postulados no fuesen evidentes y si no existiera un elemento de confianza mutua más allá de las barreras de la conciencia. Pero aun en este caso sigue siendo un tirano y el actor debe lanzar contra él ciertas reacciones mecánicas inconscientes, como las de un alumno contra su maestro, como las de un paciente contra su médico o las de un soldado contra su superiores. El teatro pobre no le ofrece al actor la posibilidad de un éxito diario. Desafía la concepción burguesa de un estándar de vida, propone la sustitución de una riqueza material por la riqueza moral que es su prinical objetivo en la vida. Sin embargo, ¿quién no acaricia, en secreto, el deseo de obtener un éxito repentino? Esto puede causar también relaciones negativas y oposición, aunque no estén claramente formuladas. El trabajo en una compañía de ese tipo nunca será estable. Siempre será un enorme desafío y, además, despierta reacciones potentes de aversión que a menudo amenazan la existencia misma del teatro. ¿Quién no busca la estabilidad y la seguridad en una forma o en otra? ¿Quién no desea vivir mañana como se vive hoy? Aunque conscientemente se acepte cierto status, inconscientemente se busca siempre ese refugio inalcanzable que reconcilia el agua con el fuego y la "santidad" con la vida del "cortesano". La atracción de esta situación paradójica es suficientemente fuerte como para eliminar todas las intrigas, disminuir las quejas sobre los papeles que forman parte de la vida cotidiana de nuestros teatros. La gente siempre será gente y las quejas reprimidas no pueden evitarse. Es bueno mencionar, sin embargo, que la satisfación que este tipo de trabajo ofrece es muy grande. El actor que en este proceso especial de disciplina, autosacrificio, autopenetración y moldeo no tiene miedo a ir más allá de los límites normalmente aceptables, obtiene una especia de armonía interior y una paz mental. Se convierte en una persona mucho más sana de mente y de cuerpo y su forma de vida es más normal que la de cualquier actor de teatro rico.

lunes, 5 de abril de 2010

Yo también Soy

Soy Alberto. No he venido aquí para perder A MI FAMILIA.
Estoy aquí porque es lo ÚNICO QUE SÉ hacer.

Soy X

Soy Gloria. No he venido aquí para perder MI VALENTÍA. Estoy aquí porque es lo que ME JODE hacer.

Soy...

Susana.
No he venido aquí a perder la DIGNIDAD.
Estoy aqui porque esto es lo que ME IMPORTA.

domingo, 4 de abril de 2010

QUEREMOS ACTORES SANTOS

El actor es un hombre que trabaja en público con su cuerpo, ofreciéndolo publicamente; si este cuerpo no muestra lo que es, algo que cualquier persona normal puede hacer, entonces no es un instrumento obediente capaz de representar un acto espiritual. Si es explotado por dinero y para ganar el favor del público, entonces el arte de actuar linda con la prostitución. Durante muchos siglos el teatro ha sido asociado con la prostutución en un sentido de la palabra o en otro. Las palabras "actriz" y "cortesana" fueron sinónimos alguna vez. Ahora están separadas por una línea mucho más clara, no porque haya ocurrido ningún cambio en el mundo del actor sino porque la sociedad ha cambiado; actualmente es la diferencia entre la mujer cortesana y la respetable la que se ha borrado.
Lo que más llama la atención cuando se contempla el trabajo de un actor tal y como se practica en estos días es su vileza: el regateo sobre un cuerpo que es explotado por sus protectores "productor, director" y que en cambio crea a su vez una atmósfra de intriga y rebelión.
De la misma manera en que sólo un gran pecador puede ser santo de acuerdo con los teólogos (no olvidemos la Revelación: "puesto que eres tibio, por lo tanto no eres ni frío ni caliente, te arrojaré de mi boca"), la vileza del actor puede convertirse en una especie de santidad. La historia del teatro contiene numerosos ejemplos de esto.
No hay que malinterpretarme: hablo de "santidad" en tanto que no creyente. Si el actor, al plantearse publicamente como un desafío, desafía a otros y a través del exceso, la profanación y el sacrilegio injurioso se revela a sí mismo deshaciéndose de su máscara cotidiana, hace posible que el espectador lleve a cabo un proceso similar de autopenetración. Si no exhibe su cuerpo, si en cambio lo aniquila, lo quema, lo libera de cualquier resistencia que entorpece los impulsos psíquicos, entonces no vende su cuerpo sino que lo sacrifica. Repite la expiación; se acerca a la santidad. Para que este tipo de actuación no se quede en lo pasajero y en lo fortuito, como fenómeno que no puede definirse ni en el tiempo ni en el espacio, si queremos que un grupo teatral tenga como pan cotidiano ese tipo de trabajo, entonces debemos seguir un método especial de investigación y entrenamiento.

Jerzy Grotowski